La tela como membrana
Durante mucho tiempo, la superficie pictórica se ha concebido como un plano.
Con el modernismo, se convierte en el escenario de una afirmación: la pintura debe reconocer su planitud (Greenberg). La superficie es lo que impide la ilusión. Pero esta interpretación deja al lienzo en una relativa inercia. Sigue siendo un soporte.
En mi obra, la superficie deja de ser un simple plano para convertirse en una membrana.
Una membrana no es neutra. Filtra, transmite, vibra. Es una zona de intercambio. La integración de un dispositivo sonoro transforma literalmente el lienzo en una superficie vibratoria. El reverso perforado, concebido como caja de resonancia, dota al soporte de una función acústica.
La pintura ya no solo se ve: se atraviesa.
Este cambio también da pie a una reflexión crítica sobre el «cubo blanco» (Brian O'Doherty). Si el espacio expositivo condiciona la percepción, entonces la obra también puede integrar su propia condición espacial.
La superficie se convierte en un microespacio. Un lugar de tensión entre la visibilidad y la propagación.
El lienzo ya no es lo que muestra. Es lo que transmite.
Referencias bibliográficas
Greenberg, Clement. «Modernist Painting», 1960. O'Doherty, Brian. *Inside the White Cube*. 1976. Merleau-Ponty, Maurice. *El ojo y el espíritu*. 1964. Nancy, Jean-Luc. *Las musas*. 1994.